Una ilusión que terminó en Quito

Ya han pasado algunos días desde la eliminación del Deportes Tolima en la Copa Libertadores y, con la cabeza un poco más fría, queda esa sensación incómoda de cuando uno revisa una conversación después de haberla terminado: quizás había cosas que pudieron hacerse diferente.

El Vinotinto y oro viajó a Ecuador con una tarea complicada, pero no imposible. Después del 1-0 sufrido en Ibagué, necesitaba remontar la serie ante Independiente del Valle para meterse entre los ocho mejores de América. Sin embargo, el fútbol volvió a demostrar que en la Libertadores los errores se pagan caro y pronto la realidad tocó la puerta. El conjunto ecuatoriano terminó imponiéndose 3-1 y cerró la serie con un contundente 4-1 global.

El primer tiempo dejó a Tolima con vida y a sus hinchas con ilusión. El equipo intentó tener la pelota y buscó acercarse al arco rival, pero le faltó (como siempre) esa última jugada. Era como tener todos los ingredientes sobre la mesa y que justo al momento de cocinar, faltara la receta. Independiente del Valle, mientras tanto, esperaba su momento.

Este último llegó en el segundo tiempo. Los ecuatorianos anotaron al minuto 59 y al 70, dejando la serie prácticamente sentenciada, KO. El Tolima reaccionó con un golazo de Júnior Hernández al minuto 84, pero que sirvió más para decorar el marcador que para otra cosa; todos sabíamos que ya no daba para remontar.

Cuando el reloj ya se acercaba al final, Matías Perelló marcó el 3-1 en el minuto 95 y terminó de cerrar la puerta para Tolima.

La eliminación duele especialmente porque los pijaos habían sido el único equipo colombiano que logró superar la fase de grupos y terminó siendo el último representante del país en la competencia. Además, después del gran nivel demostrado en el primer semestre se esperaba que el equipo mostrara una mejor cara y no se fuera eliminado de la manera tan triste en la que lo hizo. También queda una lectura: Tolima volvió a caer con los grandes de Sudamérica y aunque alcanzó los octavos de final, la serie terminó demostrando que todavía hay mucha distancia que recortar.

Con esto, la Libertadores queda atrás, la copa también cerró sus puertas y toca volver a mirar hacia el torneo local. La temporada no ha terminado. Y ahora, después de este golpe, al Tolima y a Sebastián Oliveros les corresponde hacer lo mismo que a muchos otros procesos: aspirar a ganar la liga y así el siguiente año volver a intentarlo. Porque en el fútbol, como en la vida, a veces toca perder y seguir intentando (aunque acá ya fueron muchas las derrotas) para entender exactamente qué hace falta para ganar.

Por: Gabriel Parra

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