Permanencia ancestral: sabores del Litoral Pacífico Sur que resisten en Ibagué

En el marco del 6° Festival Vive Centenario, emprendedores de distintas regiones comparten sus saberes y tradiciones. Entre ellos está Liliana Mosquera Murillo, quien, a través de bebidas ancestrales, mantiene viva la herencia cultural del Pacífico.

Diana Moreno: ¿Cómo se llamas y de dónde viene?

Liliana Mosquera: Mi nombre es Liliana Mosquera Murillo. Soy nacida en la ciudad de Cali, afrodescendiente de Tadó, Chocó, y Apartadó, Antioquia. Vivo en la ciudad de Ibagué hace 13 años.

D.M: ¿Cómo nació su emprendimiento?

L.M: Mi emprendimiento nació hace muchísimos años en la familia, porque es un relevo generacional que venimos haciendo toda la vida. Siempre les heredamos a nuestros hijos y sobrinos todo lo relacionado con nuestra ancestralidad, especialmente las bebidas ancestrales, pero también la partería y la medicina natural.

D.M: ¿Qué productos está ofreciendo y qué significado tienen estas bebidas?

L.M: Estamos ofreciendo viche, que es un destilado de caña de azúcar natural. También tenemos curao con extracto de de 40 plantas medicinales que sirven para depurar el organismo, la gripa y la anemia. Ofrecemos extracto de borojó, que es una vitamina para la debilidad, el cansancio, la memoria y el sistema inmune; crema de viche con chontaduro, leche de coco y vitaminas; aperitivo de café elaborado con biche; vino de uva con biche; cócteles listos para consumir y arómatica ancestral.

Estas bebidas son muy importantes porque son las primeras que nacieron en nuestros territorios. Por ejemplo, el biche viene de una caña sembrada alrededor de los manglares y nos ha acompañado desde el nacimiento hasta la muerte. Además, tiene una historia desde la época de la esclavitud, cuando se preparaba con caña verde para dar fortaleza y acompañar las rondas musicales. Por eso hacemos el relevo generacional, para que esta historia no se pierda en el tiempo y sigamos vivos para toda la humanidad.

D.M: ¿Cómo es el proceso de preparación del viche?

L.M: Para el aguardiente natural, primero la caña se siembra alrededor de los manglares del Litoral Pacífico Sur, y se recoge antes de que entre en su madurez, lo que se conoce como caña biche. El proceso de molienda es ancestral y manual, con un aparato de madera llamado “matamachos”, porque necesita 8 hombres para funcionar. 

No tiene químicos, colorantes ni concentrantes. Su grado de alcohol puede estar entre los 38 a 40 grados.

D.M: ¿Cómo se enteró del festival? ¿Es su primera vez? ¿Cómo le ha parecido la experiencia?

L.M: Me enteré porque estoy en varios grupos de mujeres emprendedoras. Siempre había querido participar y quise aprovechar esta oportunidad. Es mi primera vez en el festival Vive Centenario y estoy muy entusiasmada. La experiencia ha sido muy buena, las organizadoras son muy amables y colaboradoras, y es un espacio para disfrutar en familia. No he participado en festivales como tal, pero sí en ferias.

D.M: ¿Qué ha sido lo más difícil y lo más bonito de este proceso?


L.M: Para mí no ha sido difícil, porque es nuestra historia y la amamos, entonces lo hacemos con todo el amor del mundo. Además, es un negocio bendecido, ya que el 10% de las ganancias se destina a labores sociales. Lo más bonito es que me trae recuerdos de muchas mujeres de mi familia, que fueron pioneras en estos procesos, tanto en la preparación como en la siembra.

D.M: ¿Cómo funciona el relevo generacional y cuál ha sido su trayectoria?


L.M: Yo tengo 57 años y dentro de tres años le entregaré el legado a mi hijo. En nuestra tradición, a los 40 años recibimos el conocimiento y a los 60 hacemos el relevo. Antes de mí, este emprendimiento lo tenía mi mamá. A parte de eso, soy oficial de construcción, ese era mi oficio antes de recibir el emprendimiento.

D.M: ¿Dónde pueden encontrarla y cómo define su emprendimiento?

L.M: En Instagram como @saborestradicionales1969 y al número 318 – 593 – 2093. Para mí, mi emprendimiento se resume en una palabra: permanencia.

Este emprendimiento va más allá de lo comercial, al convertirse en un puente para transmitir saberes y tradiciones ancestrales. A través de estas prácticas, se mantiene viva una herencia que ha pasado de generación en generación. Más que productos, se comparte una historia que continúa construyéndose con el tiempo y el compromiso de no dejarla desaparecer. Además, estos espacios permiten visibilizar culturas que muchas veces han sido ignoradas. Así, cada venta y cada conversación se convierten en una oportunidad para reconocer y valorar esa herencia. Al final, acercarse a las culturas del Pacífico sorprende y enamora a quienes las descubren.

Por: Diana Moreno Rengifo

El contenido aquí plasmado responde a las directrices editoriales de El Anzuelo Medios. Si usted tiene alguna inquietud, queja, sugerencia o reclamo sobre este, por favor comuníquese a través del correo elanzuelomedios@unibague.edu.co o al teléfono (57)+ 8 276 00 10 ext.: 4623.