Cuando el avión aterrizó en Córdoba, el cielo estaba gris y los árboles secos. Laura Vásquez Riveros pensó que el invierno argentino era tan frío como lo describían. “Yo llegué y todo estaba seco, el cielo gris, los árboles eran puras ramas. dije: no, es deprimente, me va a dar un colapso acá”, recuerda entre risas. No imaginaba que, meses después, ese mismo paisaje cambiaría de color y marcaría uno de los capítulos más importantes de su vida.
Laura tiene 20 años, nació en Fusagasugá y cursa séptimo semestre de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Ibagué. Se considera artista: baila, canta y hace parte del grupo de teatro y expresión de la universidad. Hace unos meses decidió dar un gran salto y aplicar a una beca de movilidad internacional. El destino la llevó a Argentina, donde vivió una experiencia que mezcló acentos, costumbres y aprendizajes.
“Argentina es muy diferente en todo. Desde la forma de hablar, que creo que es lo más chistoso, hasta los horarios. Uno dice ‘me regalas’ cuando va a comprar algo y allá lo miran raro. También dicen ‘retar’ en vez de regañar. Al principio uno no entiende nada”, cuenta Laura. Entre risas, recuerda los primeros días tratando de adaptarse a ese nuevo ritmo: las meriendas a las 7:00, las cenas a las 10:00 y las fiestas que apenas empiezan a la 1:00 de la mañana.



A pesar de los choques culturales, su voz se llena de entusiasmo cuando habla de lo que más la ha sorprendido. “Nosotros no tenemos estaciones marcadas, pero acá sí. Llegué en invierno y todo estaba apagado, pero en primavera fue impresionante ver cómo todo floreció. De un día para otro empezaron a salir las flores, el cielo se puso azul. Fue una experiencia muy linda de vivir”, dice.
Para la profesora Natalia Cubides, del programa Comunicación Social y Periodismo, este tipo de experiencias fortalecen no solo la formación académica, sino también la humana:
“Un estudiante de Comunicación Social y Periodismo gana muchísimo al vivir una experiencia de intercambio como la de Laura. Le permite contrastar realidades, entender otras formas de comunicar y valorar la diversidad cultural como un insumo esencial para contar historias con más sensibilidad y profundidad”, expresó.
Desde Argentina, Laura seguía siendo parte del Club Internacional de la Universidad de Ibagué, donde ayuda a recibir a los estudiantes extranjeros que llegan al campus. “Es bonito estar ahora del otro lado, porque uno entiende lo que significa llegar a un país nuevo y sentirse perdido”, dice.
Por su parte, Juan Carlos Ramos, integrante de la Oficina de Relaciones Internacionales de la institución, explica que las becas y los semestres de movilidad son oportunidades que se abren cada semestre. “El estudiante debe estar pendiente de las convocatorias, revisar los convenios y cumplir con los requisitos. Es un proceso guiado paso a paso hasta que recibe su carta de aceptación”, señala.
No todos los que escuchan las historias de Laura han vivido algo similar, pero muchos lo sueñan. Linda Rojas, estudiante del mismo programa, asegura que le encantaría vivir una experiencia así:



“Siento que sería una oportunidad para crecer en muchos sentidos. No solo podría aplicar lo aprendido, sino también descubrir nuevas formas de pensar, conocer otras culturas y abrir mi mente a nuevas posibilidades”, menciona.
Laura, por su parte, anima a los demás a intentarlo: “que lo hagan, que no lo piensen dos veces. El dinero vuelve, pero tener 19 o 20 años y poder vivir algo así no vuelve. Nadie puede contarte esta experiencia, tienes que vivirla”, afirma.
Mientras el calendario marcaba su estadía entre clases, meriendas a las 7:00 y cielos que cambian de color, Laura entendía que su paso por Argentina sería más que una anécdota universitaria. Fue, como ella misma dice, “una vida paralela”, una historia que empezó con un invierno gris y que floreció como la primavera que la recibió lejos de casa.