El empirismo trazará un nuevo y más distante horizonte


Entrevista a un gran exponente del hardcore en Ibagué.



Andrès gonzálezTodo músico tiene una historia subyacente que forjó su personalidad. Ese era, por lo menos, el cometido de esta entrevista. Explorar, recabar y así, encontrar. Pero sin proponérmelo, obtuve un plus: lecciones musicales, en toda la extensión de la palabra, de un guitarrista en calidad de empírico. Él, conforma una banda junto a su hermano baterista, su primo vocalista y dos panas más a quienes les gusta imprimir un aire de introspección a todas sus expresiones musicales. Andrés Mauricio González es un guitarrista por afición y economista por vocación moral. Le encanta la salsa. Y agudiza el oído cuando escucha a sus artistas favoritos porque allí puede encontrar destellos de inspiración para hacer música.

Es un personaje de ademanes poco expresivos y calculador, siempre pensando con cabeza fría, pero sin impedir, claro, que tenga un buen corazón. Antes de iniciar la entrevista, extiende su mano con la voluntad de obsequiarme el último disco de su banda: Trying to find me.

- ¿De dónde nace o cómo nace el nombre Trying to find me?

- Fue paradójico, porque fue un proceso en el que nos matamos mucho la cabeza buscando un nombre. Pero para encontrar ese nombre en especial no fue tan difícil. Queríamos algo que expresara introspección, porque una banda siempre es algo muy personal antes que colectivo. Existe la creencia generalizada de que se hace música para la gente pero en realidad, se hace música para uno mismo. Ella es la que termina transmitiendo emociones y energías a otras personas. Es una conexión. Estábamos buscando un título muy íntimo para la banda y Trying to find me fue la respuesta a esa búsqueda.

- ¿Podría describirme a la banda en una experiencia?

- Andrés repite la pregunta para sus adentros pensativo, y tras un efímero lapso de tiempo responde entusiasta: - listo, la tengo. El año pasado estábamos terminando una gira nacional, y para Manizales viajábamos como a las 5 de la mañana. Cuando alistábamos maletas nos rompieron un vidrio del carro para robarlo. Y así nos fuimos por toda La Línea... la cooperación de todos nunca nos dejó achantar. La banda siempre ha tenido muy claro el norte, y hasta el momento no hemos permitido que las situaciones adversas estén en contra de los intereses de la banda. De esa magnitud han habido varias situaciones, el carro era prestado y nos tocó poner de nuestra paga para reponer el vidrio que costó 150 o 200 allá en Manizales. A pesar de eso, siempre hemos hecho una buena fiesta. La idea siempre ha sido divertirse.

- ¿Qué figuras musicales lo inspiran para iniciar en la música?

- Yo aprendí a tocar guitarra en una academia de música colombiana. La profesora que me instruía ahí fue una de mis más grandes inspiraciones. Me gusta mucho la música colombiana como la guabina y el bambuco, y aunque no se vea reflejado en la banda, porque son estilos completamente diferentes, siempre he pensado que todo lo que se escucha y puede escucharse es fuente de inspiración. Me gusta en la misma medida A.N.I.M.A.L. como Kaleth Morales porque son un proceso de alimentación musical. Cualquier género nutre el oído para desarrollarse mejor como músico.

Cada pregunta era una puerta a la meditación, y cada respuesta invitaba a la reflexión. Era un proceso recíproco. Expectante, le pregunto:

- La camiseta que viste dice, “el sonido nunca abandonará su fatal destino: el silencio”. ¿De dónde surgió la idea de estampar esa frase en otras camisetas?

- Esta frase hace parte de una canción del último disco que hicimos. La canción se llama Tregua. Y habla sobre una batalla con sí mismo. El sonido y el silencio es una metáfora para expresar los extremos de una constante lucha. Tal como se presenta en las cosas buenas que usted puede tener como persona, y asimismo las malas. Usted simplemente no puede ubicarse en un extremo, sino que debe aprender a sobrellevar las cosas. Hay distintas escalas de grises. Y una cosa nunca abandonará a la otra. A eso refiere la canción y la estampamos en la última curva de mercancía que sacamos.

- Considerando las líricas de sus canciones, que son alegóricas y contienen un trasfondo, ¿por qué decidieron conferir ese tipo de personalidad a su música?

- La forma de componer la música y las canciones es un proceso constante de crecimiento que cada artista va puliendo y evolucionando. Nuestro último disco salió muy poético pero se produjo de manera natural. Queríamos consolidar un sonido y un estilo, y durante el camino se dio de esta manera. 

- ¿Ustedes entonces, han desarrollado algún tipo de cultura por la lectura?

- Compartimos gustos literarios. Leemos mucho una revista llamada El Malpensante. Hay un poco de todo para todos. Hay noticias, hay poemas, hay artículos. Entonces siempre es como, hey marica, revise este documento. El último libro que terminé fue uno de Bukowski. Se lo presté a mi hermano y también le gustó mucho.

- ¿Cuál es el libro que más lo ha marcado y por qué? O en su defecto, autor.

- Me ha gustado mucho Bukowski por su bohemia. Creo que sin que sea malo ni extremo, un músico siempre necesita eso, un poco de aislamiento para la autorreflexión. Y con respecto al libro, Cien años de soledad. Que ya lo llevo por la cuarta relectura...

El Anzuelo MediosUna vez hallada la fuente de su inspiración, procedo a preguntarle por los vestigios de ella: - ¿En qué momento o punto de su vida inicia su trayecto musical?

- Desde siempre. Siempre he molestado con la música. Mi padre es muy melómano y le encanta la salsa, el jazz, el blues y la música clásica. Él tuvo instrumentos poco convencionales para una casa: había bongós, saxofón, claves, maracas. Y uno se ponía a molestar con esos instrumentos sin saberlos utilizar. No tenía ni idea, pero me atraían y podía tratar de aprenderlos. Luego, alrededor del 2007 es que me inscribo en la academia de música porque mis padres me tenían del cuello ya que querían que tocara algún instrumento.

- ¿Qué tipo de vida llevaba antes de iniciar sus clases de música en la academia?

- Era la vida de cualquier adolescente promedio, - responde Andrés mientras evoca y en su rostro se esboza una leve sonrisa de sosiego - estaba en grado once. Molestaba con la guitarra en los descansos con mis amigos, pero no era algo frecuente ni fluido. Era más como el tiempo para pasar los 45 minutos que daban de receso. Ensayábamos por temporadas, teníamos una guitarra para todos y éramos felices. Después simplemente jugábamos fútbol o tenis.

- ¿Interpretaban canciones de algún tipo de banda reconocida mundialmente?

En tono jocoso: - uy, tocábamos como mil canciones de Nirvana y las repetíamos y las repetíamos porque eran las más fáciles de tocar y porque era un gusto común a todos.

- ¿Llegaron a representar al colegio con su música?

- No, nunca. El colegio no prestaba los espacios...no los tenía de hecho. Y tampoco había voluntad institucional para apoyar este tipo de proyectos.

- Es decir que, ¿nunca hubo una inversión por lo artístico?

- Recuerdo que en once fueron a tocar en el colegio Los de adentro, porque nos ganamos un concurso de telefonautas. Consistía en una línea telefónica para conocer gente, era el chat de ese entonces. El concurso se lo ganaba el colegio que tuviera la mayor cantidad de estudiantes en telefonautas y la Normal Superior fue la vencedora. Eso, fue lo único.

Luego de una breve reseña de su juventud e infancia, siento curiosidad por las mil y una horas invertidas en el instrumento: - ¿Esa destreza musical le ha contribuido económicamente dando clases particulares o siendo roadie de alguna banda?

- No, nunca. Cuando le he enseñado a alguien desde lo que sé, nunca he sido remunerado. Cuando he sido roadie, es con el propósito de colaborarle a las bandas de mis amigos pero nunca he cobrado por ello.

Pero si le ha permitido expandirse e ir a otras ciudades, asistir a festivales y subirse a una tarima...

- Si claro, ya hemos hecho tres giras nacionales. Bogotá, Cali, Medellín, Armenia, Manizales y Pereira han sido nuestros puntos de visita. El recibimiento siempre ha sido muy bueno. La primera gira fue para darnos a conocer: lanzamos un disco que se tituló Relatos que fue súper punkero. Nosotros mismos quemamos los CD’s, mandamos a hacer unas calcomanías circulares para estamparlas y elaboramos las cajitas. En total fueron unos 150 discos que repartimos... fue un “hazlo tú mismo” total.

- ¿Y con qué otras bandas han colaborado?

- Con demasiadas, colaborado y trabajado. En la ciudad, tenemos muchas bandas amigas: antiguas, emergentes, otra que está renaciendo de las cenizas. Hemos tocado con varios grupos nacionales e internacionales que han alimentado mucho el espíritu de la banda. Uno ve a un guitarrista y le aprende sus manías...

- Entonces de alguna u otra manera, ciertamente han contribuido a su trayectoria musical.

- Si claro, más que favores, nos han contribuido con la amistad. Con la mayoría de bandas hemos tenido una empatía gigante. Más que tener dinero por montones, es mejor tener amigos...en todos lados.

- Componer música es difícil, pues una canción es la confluencia de varios instrumentos, ¿cuál es su fórmula en Trying to find me?

- El proceso de composición lo ha alimentado mucho mi hermano. Tener al baterista de la banda en casa es una gran ventaja porque es multiinstrumentista y toca guitarra. Cuando tengo una melodía en la cabeza y trato de materializarla, él me colabora proponiendo cierto ritmo hasta que haya una suerte de canción creada. Yo creo que el proceso de composición se complica cuando se pretende sonar de alguna manera. Si le gusta Nirvana, planea componer una canción y quiere sonar a Nirvana, se dificulta mucho porque nunca va a encontrar un punto de originalidad, y entonces lo que se hace no va a superar las expectativas personales porque Nirvana pone el chorro muy alto.

La cuestión no está en tratar de crear una canción forzosamente, sino un fragmento de la canción. Tener una melodía en la cabeza o un tarareo en la voz es un insumo que debe archivarse para que de ello surjan cosas. Así ha sido la forma de trabajar con Trying to find me. En este disco nuevo, sin embargo, estamos trabajando los cinco y ya llevamos tres canciones listas... 

Considerando el virtuosismo que demanda la creación de dos álbumes publicados, le pregunto: - ¿Posee alguna titulación profesional?

- Soy economista de la Universidad del Tolima y me falta sólo un semestre para terminar una especialización en Finanzas.

- Curioso estudiar economía y llevar otra vida como músico...

- Andrés discrepa con una breve expresión y replica: - no es otra vida, son la misma. Es cuestión de saber distribuir el tiempo y las pasiones. Siempre me gustó esa línea económica pues desde el colegio fui bueno en las matemáticas. Pero la música, a su vez, no la podía abandonar. Muchas personas me cuestionan sobre por qué no hice una licenciatura. Yo simplemente siempre sentí que de alguna manera podía ser músico, sin necesidad de estudiarlo... más no un economista. 

 

- ¿Alguna otra afición a la cual se dedique a parte de la economía o la música?

- Practico los hobbies de cualquier otro adolescente. Juego fútbol y actualmente estoy cacharreando con la organeta. Trato de aprender desde mi casa empíricamente.

- Retomo lo que le reprochan: ¿No planea tener una licenciatura en música para profundizar teóricamente en su instrumento?

- No, lo que quiero hacer con la banda me surge de manera natural sin necesidad de algún título. Prefiero profundizar mis conocimientos académicos en economía y estoy aplicando para una beca de una maestría. En Ibagué, Colombia y Latinoamérica hacen falta promotores. A mí me gustaría, por mi bagaje económico, ser parte de la Secretaría de Cultura apoyando proyectos musicales, artísticos o culturales. Desde ese campo puedo hacer mucho más de lo que pudiera hacer estudiando música y teniendo la titulación respectiva. 

- ¿Cree entonces, que la negativa de su colegio para generar espacios musicales, fue determinante para que usted se forjara esa meta de apoyar proyectos culturales?

- No lo había visto de esa manera, pero es una deducción muy sensata. Creo que no tener esas oportunidades cuando era pequeño, en el fondo creó esa semilla de querer contribuir.

- Esto me lleva a preguntarle, ¿qué opina sobre el panorama actual del rock en Ibagué?

- Siempre he tenido la convicción de que Ibagué tiene unos músicos excelentes, tanto académicos como empíricos. Voy a responder esta pregunta por dos líneas. Por un lado, desde lo que llevo de mi carrera artística, no he visto un apoyo real de la administración. Considero que es, más bien, un apoyo muy cerrado, muy... lo que llamamos la rosca. Pienso que la Secretaría no ha hecho contribuciones significativas sobre proyectos artísticos emergentes.

Sin embargo, y por otro lado, las bandas tampoco hacen mucho por sí mismas. Hay bandas muy talentosas que ya debían de haber girado por el país. No son echados pa’lante, como dicen, con respecto a comprometerse con su proyecto. Entonces sólo se preocupan por ensayar antes de un toque, y tienen dos o tres toques al año porque no tenemos muchos espacios. O bandas que sólo se reúnen para presentarse a Ibagué Ciudad Rock. Se reúnen, ensayan, pero no tienen una continuidad. Las bandas tienen que moverse, sacar mercancía, hacer mercadeo, ayudar a promover otras bandas. Es un compromiso de todos. Por lo tanto, por talento y ejecución puedo destacar muchas bandas. Pero que se esfuercen por visibilizar su proyecto y por gestionarlo adecuadamente, muy pocas.

Y con esto, Andrés alcanza su fatal silencio. ¿Acaso la condición empírica limita a su portador? Él rompe con este paradigma porque para él, el empirismo trazará un nuevo y más distante horizonte a su vida.

 

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Realizado por: Juan Esteban Leguizamo Remolina. Estudiante de Comunicación Social y Periodismo. Universidad de Ibagué. III semestre.  

 

 

 

 

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