Los campesinos y el manejo de los recursos ambientales en el Cañón del Combeima

 Por: Orlando Barón & Luz Dary Espitia


 

 

campesinojuntasRecién asistimos a un informe que presentó la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) sobre las infracciones que se cometen en la cuenca hidrográfica del Cañón del Combeima. La funcionaria encargada informó, con tono enfático y punitivo, de al menos doce infracciones ambientales en la zona. Cada infracción, desde luego, tenía un responsable. Sin excepción, los responsables de estas doce infracciones, según el informe, son los campesinos que habitan en el Cañón. Al terminar su presentación tuvimos la sensación, creo que compartida con el resto del auditorio, de que los campesinos del Cañón del Combeima son poco más o menos que delincuentes ambientales. Algunos preguntamos, terminada la presentación, por la responsabilidad que le cabe a los turistas y dueños de restaurantes del Cañón, qué como se sabe, abundan en este sector. La respuesta fue directa: los turistas y propietarios de restaurantes no talan árboles, no tienen criaderos, no explotan la piedra laja que hay en el río. Debíamos recordar, enfatizó la expositora, que el turismo garantiza la economía de los habitantes de la región. Para concluir aclaró que son múltiples los proyectos y programas que se han emprendido con los campesinos; en general, todos infructuosos.

En el marco de algunas clases en la universidad hemos tenido la oportunidad de acercarnos a los campesinos que habitan el Cañón del Combeima. Con ellos hemos dialogado en diferentes momentos y desde su perspectiva la situación se ve muy diferente. Cortolima, afirman, empezó a comprar los terrenos cercanos al río hace diez años. Los campesinos, cuidadores de finca en su mayoría, no cuentan, desde entonces, con un pedazo de tierra para cultivar. Tras algunos intentos por re-ubicarse, unos cuantos hicieron sus ranchos junto a la carretera e intentan aprovechar el flujo de carros y turistas que sube cada fin de semana. Para ellos, esta nueva situación implicó cambiar su vocación agrícola y, de cultivadores pasaron a desempeñar oficios y labores ocasionales. Desde su percepción, ellos y quienes visitan el Cañón del Combeima son los responsables de cuidar y preservar el Cañón. Unos y otros atropellan el ecosistema y a nadie parece preocuparle.

Se trata, hasta aquí, de dos percepciones contrarias: una institucional y normativa y otra, la de quienes habitan y se deben re-ubicar en el territorio a cada momento. El informe que presentó la funcionaria de la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) es un ejemplo de lo que piensan algunas instituciones y sus profesionales sobre los campesinos: en su concepción, estamos ante una población que es un obstáculo y un problema para el manejo legal de los recursos ambientales. Los campesinos, por su parte, ven a las instituciones como usurpadoras y como entes de control que no les permite ser lo que históricamente han sido: cultivadores.

cañon del comebia

Ubicaremos esta disyuntiva en un plano teórico a fin de revisar dos concepciones que, a nuestro juicio, han llevado a campesinos y funcionarios a una situación de tensión y no colaboración. Las dos concepciones, creemos, son las que se contraponen en la situación que venimos ilustrando; se trata de las nociones de Desarrollo y Libertad. Nuestro propósito es interpretar la situación del Cañón del Combeima desde las concepciones de Desarrollo y Libertad que justifican las dos posiciones. Proponemos, finalmente, un enfoque educativo que permitiría la sostenibilidad ambiental de esta región y permitiría, también, regular las actuaciones. De los campesinos, claro, pero también de las instituciones encargadas de llevarles apoyo técnico, financiero y educativo.

Comenzamos con una revisión sobre el Desarrollo como concepto y principio de acción política y cultural. También como categoría sobre la que se formulan un sin número de normas ambientales que pretenden regular los usos del territorio y sus recursos. Los autores clásicos de la teoría económica fueron quienes propusieron las primeras nociones “modernas” de Desarrollo. Nociones, como era de esperar, fundadas en lo económico y en la productividad de la era industrial. La interpretación que se ha hecho de las teorías de Adam Smith, Carlos Marx o Frederick Winslow Taylor, por ejemplo, apoyan la imposición de políticas globales a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI. En esta lógica se inscriben varios de los propósitos que tiene Cortolima como institución reguladora. En su portal virtual se lee que, uno de sus objetivos como órgano de control es:

Sensibilizar la comunidad con programas y proyectos de alta calidad, que involucren la investigación, la implementación de proyectos productivos sostenibles, buscando el desarrollo sostenible económico y el mejoramiento continuo.

Estamos así ante ante una tradición economicista de la noción de Desarrollo y sus implicaciones legales e institucionales. El impacto de estas teorías del desarrollo en las regiones llamadas periféricas no se hace esperar. En el mismo portal se lee que Cortolima: Mejorará continuamente los procesos para permitir un desempeño eficaz del Sistema de Gestión de Calidad; minimizará la afectación al medio ambiente, como consecuencia directa o indirecta, del desarrollo de nuestros procesos. Finalmente ejecutará todas nuestras actividades de una manera responsable y segura, con los instrumentos adecuados y con las medidas de protección necesarias para mitigar los riesgos profesionales.

Estas tesis (convertidas acá en objetivos institucionales) y elaboradas en el marco de una raciona-lidad económica, además de restrictivas desde el punto de vista conceptual, tienden a perpetuar las relaciones de poder que las instituciones gubernamentales establecen con los campesinos y las organizaciones de base. Así, dicha noción de Desarrollo resulta ser insuficiente pues sólo considera los aspectos económico y productivo de una realidad que, como la campesina, es multidimensional e incluye los entornos naturales y culturales, así como la complejidad subjetiva que funda a cada hombre y mujer del campo.

Entre sus actividades cotidianas Cortolima regula a las “empresas a nivel industrial cuyas actividades, de acuerdo a la normatividad ambiental vigente, se les haya otorgado o se encuentren en trámite el otorgamiento de licencia ambiental” (Ámbito de Aplicabilidad del Decreto 1299 de 2008). Cabría preguntarnos acá cuántas de estas licencias ambientales se otorgaron en el Cañón de Combeima o sus regiones aledañas en los últimos diez años, en qué condiciones y a quiénes fue-ron otorgadas. Las preguntas son válidas, pues no fue a los campesinos y habitantes de la región a quienes se consultó sobre los proyectos productivos sostenibles que traerán Desarrollo para la región en los próximos años.

Como cabe esperar, a las tesis de los autores clásicos de la teoría económica se contrapone un conjunto de tesis y autores que plantean nuevas miradas y definiciones al Desarrollo y su pertinencia como categoría explicativa y organizativa. Podemos trazar una línea argumental que va de Hanna Arendt y Max-Neef hasta Nussbaum y Amartya Sen. Estos autores y sus concepciones permiten pensar la legislación ambiental y las relaciones entre instituciones y habitantes del Cañón, a la luz de planteamientos y reflexiones sobre el Desarrollo que sean menos restrictivos. Sobre todo, permiten vincular las nociones de Desarrollo y Hábitat en un marco lógico que desborda la racionalidad instrumental y las razones políticas y económicas que, vimos, fundamentan la vida de corporaciones como Cortolima.

El Anzuelo MediosAl desvincular la noción de Desarrollo de la racionalidad económica y fundarla en la ontología (en nuestro caso, el Ser Campesino del Cañón del Combeima) se abren nuevas variantes no contempladas antes: a las dimensiones de autodeterminación y coexistencia con otros hombres que propone Anna Arent podemos agregar las dimensiones de articulación orgánica con la naturaleza y la tecnología. Es decir, el Desarrollo refleja al hombre, su relación con el entorno natural y con las prácticas sociales y culturales. Max-Neef, nos propone considerar una lista de aspectos prácticos a propósito de esta nueva noción de Desarrollo: procesos globales, comportamientos locales, lo personal con lo social, planificación con la autonomía, sociedad civil con el Estado. Esta nueva definición de Desarrollo, según Max-Neef “nos obliga a ver y a evaluar el mundo, las personas y sus procesos, de una manera distinta. Del mismo modo, una teoría de las necesidades humanas para el desarrollo, debe entenderse justamente en esos términos: como una teoría para el desarrollo”.

Hay dos ideas de Amartya Sen que ayudan a configurar todavía mejor el concepto de Desarrollo que venimos elaborando: la primera de estas ideas plantea que “la cuestión del desarrollo, (tiene) que ver con una determinada concepción de la vida humana buena”. La segunda de estas ideas nos deja claro que “el desarrollo se evalúa en función del grado de libertad alcanzado”. Estas ideas, brevemente esbozadas acá, encuentran su correspondencia en la cotidianidad de los habitantes del Cañón del Combeima. Decíamos al iniciar que Cortolima inició la compra de predios colindantes con el río en los últimos dos lustros; los habitantes, con todo, no migraron. La mayoría, siendo cuidadores de fincas, prefirieron quedarse y reacomodarse. En muchos de ellos persiste la idea de que el campo, y no la ciudad, posibilita una buena vida humana. En su concepción, el campo permite la autodeterminación y coexistencia con otros hombres. Permite, también, una articulación orgánica con la naturaleza y la tecnología. Estas concepciones, si no explícitas, se ma-nifiestan y constituyen la razón ontológica por la que los campesinos del Cañón del Combeima persisten en su actitud de permanecer y arraigarse al territorio. Estas razones, digámoslo, también, no hacen parte de las políticas o principios de acción de Cortolima y de muchas instituciones regulado-ras del patrimonio ambiental en Colombia.

Retomemos la idea, antes planteada, de Desarrollo “en función del grado de libertad alcanzado”. Sobre cómo opera el concepto de Libertad como fundamento para el Desarrollo Humano es posible observar cómo la definición de Libertad que propone Sen se emparenta, filosóficamente, con las definiciones que elaboraron Inmanuel Kant y Jean Paul Sartre en sus propias circunstancias históricas. Sin embargo, el premio Nobel de Economía 1998, da un paso más allá y, pone en consideración las condiciones sociales y políticas que el Desarrollo actual impone a la Libertad. En un nuevo paradigma de Desarrollo, dice Amartya Sen

...Se exige la eliminación de las principales fuentes de privación de libertad: la pobreza y la tiranía, la escasez de oportunidades económicas y las privaciones sociales sistemáticas, el abandono en que pueden encontrarse los servicios públicos y la intolerancia o el exceso de intervención de los Estados represivos (Sen, 2000).

Su tesis de la Libertad como principio del Desarrollo Humano, parte de la filosofía y se instaura a renglón seguido en las condiciones reales de los modelos de Desarrollo imperantes. Lejos de la abstracción filosófica, Amartya Sen ubica la Libertad como categórico de la condición humana y desde allí como fundamento ontológico del Desarrollo.

Los aportes de Nussbaum (2207) se vinculan a estas ideas de Libertad y Desarrollo Humano de Amartya Sen. El hombre dice Nussbaum “como ser libre traza su destino y su accionar (o sus prácticas) en cooperación con otros” (en García, 257). Lo valioso del aporte de Nussbaum, además de los básicos sociales mínimos necesarios para conseguir el Desarrollo, es la dimensión histórica y política que exige la consecución de nuevos estados de bienestar social. Según el autor: “...en la medida en que el gobierno dé cumplimiento a los derechos constitucionales establecidos, que buscan el respeto por la dignidad humana, y que los sujetos sociales y colectivos, se asuman como sujetos sociohistóricos y políticos que demandan, practican y vigilan el cumplimiento de los derechos humanos y constitucionales, se logra un bienestar en la sociedad”.

villarestrepoLa concepción de Libertad como principio de Desarrollo, sólo es posible, según nuestra tesis, desde una mirada pedagógica de lo ambiental. Esta mirada, queremos enfatizar, debe desbordar lo meramente legal y económico e instaurarse en el campo de la educación, por antonomasia, el campo más fértil para la libertad humana. Pensando en ello, proponemos reconsiderar la Educación Ambiental como enfoque educativo que crearía las condiciones necesarias para la sostenibilidad ambiental del Cañón del Combeima en los próximos años.

Si bien la Educación Ambiental entra a la escuela como curioso expediente pedagógico, hay que insistir que esta inclusión pronto adquiere implicaciones culturales y políticas que desbordan las circunstancias iniciales y se convierte en estrategia para hacer frente a los problemas que genera la relación hostil que establece el hombre con los entornos que habita y explota. En otras palabras, la Educación Ambiental pasó en unos pocos lustros de ser una curiosa inquisición de las ciencias a las implicaciones éticas y prácticas que acarrea la presencia del hombre en el planeta.

La Educación Ambiental no fue un desarrollo propio de las ciencias o la escuela; fue la respuesta a un “problema del mundo” y del hombre que se abrió paso de manera abrupta. Podemos decir, con Mayer que, “hasta ahora la educación ambiental ha utilizado las contradicciones para crecer y ha ofrecido una ocasión privilegiada de innovación educativa y de investigación para todos aquellos que intentan adecuar la escuela a los cambios profundos que se están produciendo en el mundo.” (219) Desde esta perspectiva es justo considerar que la Educación Ambiental ha planteado nuevas relaciones entre el hombre y las ideas de ciencia que éste construyó desde el Positivismo (basadas todas en el mito del progreso). Lo que replatean es la forma misma en que las ciencias abordaron el mundo y las consecuencias sociales y políticas de este abordaje. Como bien lo refiere Mayer:

“Galileo investiga por medio de un proceso de simplificación de los fenómenos, aquellos elementos que se pueden reconocer idénticos bajo aspectos en apariencia diversos, que pueden ser reproducidos en el laboratorio y, por tanto, someti-dos a verificación experimental, y que se pueden expresar matemáticamente. Ésta es todavía la imagen del modo de proceder de la ciencia que trasmiten los libros y los maestros” (222).

La imagen de científico aislado y genial es la que ha empezado a modificar la Educación Ambiental.

Estas ideas, desde luego, tienen su correspondencia en los marcos legales y constitucionales. El programa de educación ambiental del Ministerio de Educación en Colombia plantea que “la Política Nacional de Educación Ambiental ha puesto sobre el tapete retos muy importantes para los diferentes sectores del desarrollo del país, que tienen como marco fundamental, la construcción de una cultura ambiental ética y responsable frente al manejo de la vida, en todas sus formas y en general frente al manejo del ambiente.” (Torres, 2005, 1). De allí se desprende la idea según la cual las “normas de derecho Internacional tienden a hacer efectivos los tres principios básicos me-diante los cuales se establecen obligaciones de protección del medio ambiente para los Estados: prevención, información y cooperación.”

Estos presupuestos legales y conceptuales, sobre los que se fundamenta la presencia de la Educación Ambiental en la escuela pueden transponerse a las relaciones entre campesinos e instituciones.

Si establecemos una relación fundamentada en una Educación Ambiental, entre estos actores sociales, podremos, por esa vía, llegar a nuevas definiciones sobre el Medio Ambiente, el hombre y sus responsabilidades con la naturaleza. Los contenidos de esta relación pedagógica (contenidos que deberán definirse conjuntamente entre instituciones y campesinos) deben entenderse como una elaboración cognitiva, afectiva y cultural. Este marco tripartito trae consigo una exigencia conceptual formidable: enunciar una perspectiva teórica que no puede construirse de antemano, sino que se elabora a partir del trabajo con las comunidades. Esta exigencia obliga a plantear el proyecto de Educación Ambiental como un escenario social de intercambio simbólico donde emerge, de manera consustancial, un marco legal y político justo y equitativo.

 

BIBLIOGRAFÍA

CORTOLIMA. Corporación Autónoma regional del Tolima. Página Web. En línea. Disponible en: https://www.cortolima.gov.co/cortolima/nuestra-corporacion. Consultado: [02/09/2016]

MAYER, M. (1998). Educación ambiental: de la acción a la investigación. En línea. Disponible en: http://www.raco.cat/index.php/ensenanza/article/viewFile/21530/21364. Consultado [09/12/2014].

MAX-NEEF, Manfred. (1994). Desarrollo a escala humana (conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones). Editorial Icaria Norman comunidad. Barcelona.

SEN, Amartya. (2000). Desarrollo y libertad. En línea. Disponible en: http://www.ccee.edu.uy/ensenian/catgenyeco/Materiales/2011-12-07%20III2AmartyaSenCap8LaAgenciadelasMujeresyelCambioSocial.pdf. [01/06/2015].

TORRES CARRASCO, Maritza. (2005). La educación ambiental en Colombia: un contexto de transforma-ción social y un proceso de participación en construcción, a la luz del fortalecimiento de la reflexión - acción. En línea. Disponible en: fi-le:///Users/luzdaryespitia/Downloads/LA_EDUCACION_AMBIENTAL_EN_COLOMBIA.PDF [13/04/2015]

Fotografías suministradas por: Paz y región, Universidad de Ibagué y Diomedes Acosta. 

 


Por: Orlando Barón & Luz Dary Espitia. Docentes del programa de Comunicación Social y Periodismo. Universidad de Ibagué. 

 

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