El mesero de la diversidad

 Por Daniela Antía


“Desde muy pequeño refleje lo que me gustaba y mi familia siempre lo entendió y me aceptó, esto no ha sido ningún impedimento para que yo sea una persona productiva y tranquila”.


“Buenas tardes. Bienvenida a Sazón con Estilo, mi nombre es Carlos y soy el mesero encargado de atenderla el día de hoy, a continuación le enseñaré la carta de platos fuertes y bebidas, en un momento vengo a tomar su pedido”...

Así me recibe Carlos, el mesero del restaurante al que me dirijo para almorzar muchas veces por semana. Siempre a la 1:15 de la tarde, el lugar empieza a llenarse y los aromas de las especialidades del chef, los sonidos de la parrilla de la cocina, la licuadora de la barra y la música de ambiente empiezan a mezclarse para marcar el ritmo de la jornada.

meserA la entrada lo primero que sobresale son los diversos espacios del sitio combinados con la confortable panorámica que ofrece de la ciudad de Ibagué; los colores cuidadosamente escogidos acompañan el diseño curvo e innovador característicos del restaurante. Así como su diseño, su personal es acorde a la filosofía que Sazón con Estilo busca proyectar. Esto se hace visible en la buena expresión, la presentación personal y el trato al cliente por parte de los meseros, así lo siento cada vez que subo y me encuentro con todo esto.

Carlos, quien hoy me atiende, hace parte de la nómina de meseros. Con 1,75 metros de estatura, tez blanca, cabello claro y unos ojos verdes que resaltan entre las pestañas cuidadosamente curvas, se nota un hombre vanidoso y uno de los trabajadores que más se mueve por el lugar. Carlos nunca está quieto, aun cuando el movimiento en el restaurante baja, siempre sonríe, por la forma en la que habla y se mira con sus compañeros, es clara la buena relación que ha logrado entablar.

Avanza la jornada de almuerzo, pido mi plato y el restaurante continúa llenándose, el personal no para entre las mesas y la cocina. Carlos se ve muy apurado, sale de la cocina un poco agitado, no se le ve muy cómodo, en ese momento le pido un vaso de agua y le hablo para que me cuente cómo es su experiencia en el lugar.

Aunque es evidente que Carlos es homosexual, por sus maneras y formas de expresión, me interesa saber cómo vive su jornada laboral y que encuentra en ese restaurante con respecto a su vida personal. Lo llamo y me acerco a él para hablar sobre su vida laboral, la manera en la qué ha vivido su opción de género en una ciudad pequeña y cuáles han sido las experiencias que ha tenido que afrontar por hacer parte de la comunidad Lgtbi. De esta forma decido entrevistarlo en los momentos en los que viene a mi mesa y estas son sus impresiones acerca de su vida y de las personas que, como él, integran la sociedad ibaguereña de otra manera.

Le pregunto:

¿Su vida actual u opción sexual ha sido un descubrimiento reciente?

Él me contesta

- “No, para nada, desde muy pequeño refleje lo que me gustaba y mi familia siempre lo entendió y me aceptó, esto no ha sido ningún impedimento para que yo sea una persona productiva y tranquila”.

Carlos me responde con una mirada algo extraviada, pero finaliza con una sonrisa que me dio aire para continuar con nuestra conversación, ya que temí incomodar con el tema que no es fácil abordar, pero que como había decidido trabajarlo debía reconocer cómo lo podría desarrollar. Recoge los vasos. Se retira, vuelve y en ese momento le lanzo la siguiente inquietud...


- ¿Cómo ha sido su experiencia laboral, ha dependido de su condición de género como homosexual?


Carlos me mira, sonríe y dice

- “Nunca, hasta el momento en ninguna entrevista me lo han preguntado, pero en el momento de desempeñar mi labor e interactuar con mis compañeras y compañeros lo hago con facilidad y sin necesidad de ocultar quien soy”...


Carlos expresa de manera muy sutil y delicada eso que posiblemente le han preguntado mil veces, siempre moviendo sus manos y por su tono demuestra la seguridad que lo caracteriza. Al parecer hay empatía entre nosotros pues constantemente me sonríe e imita mis gestos después de un tiempo de hablar.

En mitad del restaurante Carlos interrumpe nuestra conversación mientras sigue una instrucción de su jefe, quien le asigna atender una mesa muy importante que acaba de llegar. Él con buena disposición y actitud se dirige a la mesa a repetir el discurso que generalmente recibe a los clientes, que de hecho lo hace tan bien a tal punto de hacerlos sentir cómodos, pues es retribuido con varias sonrisas de agradecimiento.

De la cocina se despliega un olor a carne asada que despierta mi apetito y me recuerda que aún no he almorzado, son las 2:10 de la tarde. Entre mi almuerzo y Carlos, esperar un poco con una entrada me permite ver cómo este chico se mueve entre la gente, cómo se convierte en uno más entre las personas que como él trabajan para salir adelante en sus estudios, ayudar a su familia o mantenerse en esta ciudad. Carlos pasa y me regala otro momento de su rutina, mientras yo le pregunto.

¿En un lugar en el que se comparte tanto, hay roses como es natural, que sucede cuando las personas que trabajan con uno saben de la condición sexual. Hay problemas, discriminación o exclusión o reconocimiento por no ser igual?

Él comenta


Mi único problema lo he tenido en la cocina, con el chef y uno que otro ayudante quienes han hecho comentarios displicentes en varias ocasiones, directamente a mí no me han comentado nada serio, pero los comentarios siempre llegan a mis oídos y son ofensivos. Mi relación con él es cortante y no me agrada ya que me parece una persona prepotente y yo soy muy temperamental, pues no permito que mi vida personal sea motivo de burla".


Su enojo cuando me cuenta esta situación es evidente, el tema le molesta bastante pues asegura que nunca en sus anteriores trabajos había tenido problema alguno de discriminación, por el contrario la relación laboral y de amistad con sus compañeros hombres heterosexuales siempre fue buena, ya que el respeto es mutuo.

En la actualidad casos como el de Carlos se han vuelto comunes. Según un estudio realizado por Ben Capell, investigador de ESADE Business School y la Universidad Ramon Llull, la gran mayoría de empleados con preferencias homosexuales opta por no dejar al descubierto su orientación. Investigación, que obtuvo su fuente de la Federación Estatal FELGTB, tenía como objetivo conocer el grado de visibilidad que tienen estas comunidades dentro del entorno laboral (Capell, 2014)

Según Ben Capell, dentro de los resultados obtenidos se evidenció que, tanto en Europa como en Estados Unidos, más de la mitad de los empleados homosexuales y transexuales opta por no revelar su orientación sexual en su sitio laboral ya que en los trabajos habituales suelen primar las inclinaciones heterosexuales, por lo que se sienten más seguros dejando ver sus preferencia solo ante su círculo de amigos (Capell 2014). A través del estudio de Capell también se pudo determinar que la discriminación son más de tipo indirecto que directo, como es el caso de Carlos quien pese a no recibir agresiones personalmente, a través de algunas actitudes y comentarios siente el rechazo de algunos compañeros.


Continúo con mi almuerzo. Carlos se acerca me trae la bebida y ahí aprovecho para preguntarle si ¿Ha sentido algún tipo de rechazo por parte de sus jefes en este lugar o en algún otro sitio de trabajo?


Tímido responde que

- “En lo absoluto, por el contrario el restaurante empezando por mis jefes directos conocen mis preferencias y esto no ha sido ningún obstáculo para llevar una excelente relación laboral con ellos, además mi eficiencia en el trabajo ha permitido demostrar mis capacidades en mi servicio al cliente”.

El restaurante Sazón con Estilo no tiene entre sus políticas algún tipo de restricción con las comunidades LGTBI, para la empresa prima la excelencia en el servicio y la eficacia, como lo menciona uno de sus encargados, “además fomentar entornos laborales con libertad de orientación sexual permite que las organizaciones sean más productivas y rentables ya que las capacidades de cada persona difieren de sus gustos personales”, ratifica.

Carlos quien es un buen conversador, me cuenta que es un hombre responsable, organizado y lleno de sueños por cumplir, ahora busca nuevos rumbos ya que no cree que este sea por mucho tiempo su trabajo. A pesar que es un hombre seguro, prefiere estar en un lugar donde su sexualidad no moleste a nadie, puesto que no está dispuesto a cambiar su personalidad para agradarle a algunos compañeros o incluso a quien sea el gerente o dueño de la empresa que lo contrate.

Después de disfrutar un delicioso almuerzo, en el restaurante con una vista inigualable de la ciudad de Ibagué, hablar con Carlos ratifica la mirada que se tiene sobre las personas con otra opción sexual a la hegemónica heterosexual. Carlos muestra cómo son sus relaciones, en este caso, en el ámbito laboral.

Martín, Pedro, Juan o en este caso, Carlos, me despide con un agradecimiento pidiendo un favor que muestra una vez más la prevención a hacer pública la situación de género o sexual en ámbitos laborales. Me pide que no revele su nombre real y que cambie el del restaurante pues no quiere involucrar a nadie y mucho menos su lugar de trabajo en cualquier historia de discriminación que se pueda presentar.

Después de esto, pago, me despido y salgo del lugar, posiblemente con la idea de que hay muchos Carlos que día a día luchan por ser reconocidos por su trabajo y no por su color, su ropa, su clase social o su preferencia sexual o de género.

Bajo, tomo un taxi y me voy...


Por Daniela Antía. Estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Ibagué.

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